martes, 3 de noviembre de 2009

Modernidad del siglo XXI - O luego de leer a Berman-

Cuando nos referimos a la vanguardia y lo actual proyectamos la imagen de una ciudad llena de luces y de una vasta densidad poblacional. O de las tecnologías y las tendencias que el sector de poder impone en una sociedad moderna.

Pensar en modernidad, sin embargo, resulta ambiguo si lo razonamos desde este punto de vista. Es más, el paso al modernismo poco tiene que ver con una época de tranquilidad y fulgor de la sociedad tal como la conocemos ahora.

Dar grandes pasos resulta complicado y el esfuerzo demanda, también, cambios radicales, revoluciones y estragos sociales, pero que apuntan a un norte. Así fue el modernismo. En un momento también creía en la ambigüedad, en que somos modernos por la tecnología y los avances ideológicos, pero resulta más que esto y están involucradas más personas de la que pensamos.

¿Qué es el modernismo? Luego de esto ¿Por qué ahora tantas personas prefieren llamarse posmodernos? Esto se traduce en el rechazo hacia el “modernismo” que vivimos y el olvido de lo que el modernismo nos plantea.

Pienso que el modernismo es el gran paso de la sociedad del “subsuelo”. Apoyándose, primero, en los pequeños movimientos que impulsaron lo que conocemos como revoluciones. Salir de la condición en que estamos y apuntar a “igualarse” a toda la sociedad, sin importar el apellido, el dinero, rompiendo con los rezagos del status quo y alistándonos a la forja de una sociedad más plural es el gran paso que con el modernismo pudo resultar.

Ciertamente, la sociedad es plural y así lo conocemos, ¿realmente la consideramos así? Talvez en Rusia o en Francia la modernidad sí se haya aplicado cabalmente. Mirándonos al espejo, los peruanos nunca tuvimos una época moderna que sea digna de llamarse así. Mientras leía a Berman trataba de visualizar una posible “Nevsky” peruana. No se puede encontrar, a ninguna de nuestras avenidas puede atribuirse tal semejanza porque las calles de ahora son una pecera de personas que transitan sin mirarse a las caras. Puede no ser importante porque la fin y al cabo no tienes por qué mirar a cada persona que camina en la misma vereda que tú. El punto es que tampoco nos miramos como una nación, como peruanos, solo somos transeúntes.

En el Perú nunca tuvimos una época de revolución, fuimos [y somos] una sociedad muy diferente. Pero en esta disociación no llegamos a una convención para hacer algo grande, lograr el progreso y salir del
“subsuelo”.

Eso sí, tenemos varios Palacios de Cristal. No tanto físicos, sino metafísicos y divididos por sectores.

Lima no es a San Petesburgo. Perú no es a Rusia. A diferencia de la realidad que vivieron los rusos con al experiencia de San Petesburgo, los peruanos nos quedamos en la literatura de Arguedas y Alegría. Los manifiestos no abundaron, con esto no pretendo hacer una apología de la revolución, solo dejar claro que no traspasamos los muros de las letras. No las materializamos en acciones que podían haber cambiado el rumbo del Perú, de la sociedad y con la que se haya podido construir una nación sólida y el verdadero sentir peruano.

La modernidad del sigo XXI es donde vivimos. Particularmente pienso que el Perú está en una etapa en la que se está aprendiendo y retomando discursos que apuntaban a la integración y el desarraigo de todo sesgo contra los sectores de menos poder.

Es un atraso, pero enhorabuena que empecemos a replantear el Perú, a la sociedad y dejar de lado el pensamiento sobre la existencia de un grupo de poder que subyuga a todos. Es un largo camino a replantearlos para que no persistan en la mente de los peruanos. Es hora de distanciarnos de ellos y empezar a mirar las nuevas épocas y los nuevos retos.

Resulta ingenuo afirmar que recién nos estamos modernizando. Pero resulta más confuso pensar que somos una sociedad moderna basándonos en los avances tecnológicos. Sin mirar que en la realidad de todos los días, en la sociedad en que vivimos y en las calles por las que transitamos que esto de la modernidad no resulta tan cierto.
Un amigo escibió en cierta ocasión
“Lo posible ya se hizo, lo imposible está en nuestras manos”
la modernidad no es nuestro imposible, debe convertirse en real y tangible.



La Nevsky antes
La Nesky hoy y el salto a la
modernidad